El tornillo que cambió el mundo

Un simple estándar industrial ayudó a consolidar el liderazgo global de Estados Unidos. La historia demuestra que el poder también se construye definiendo las reglas de la producción.
Historia03 de agosto de 2026 Redacción EnSanJuan

Un tornillo con una rosca de 60 grados se convirtió en una de las herramientas menos visibles, pero más influyentes, en la consolidación del poder económico e industrial de Estados Unidos durante el siglo XX. Aunque pueda parecer un detalle técnico sin importancia, la estandarización de este componente permitió mejorar la eficiencia de la producción, facilitar el comercio y fortalecer la capacidad industrial estadounidense, un proceso que terminaría proyectando su influencia sobre buena parte del mundo.

El impulso a la normalización comenzó en la década de 1920 bajo la conducción de Herbert Hoover, entonces secretario de Comercio. Convencido de que la productividad dependía de la existencia de reglas comunes, promovió acuerdos entre fabricantes para unificar las características de cientos de productos, desde adoquines y neumáticos hasta vasos, frenos y tornillos. En 1924, Estados Unidos adoptó oficialmente la rosca de 60 grados como estándar nacional.

La medida tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de las fábricas. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, la incompatibilidad entre los sistemas industriales de los países aliados generó importantes dificultades logísticas. Equipos fabricados en distintos países no podían repararse entre sí debido a que utilizaban tornillos con especificaciones diferentes, lo que obligó a Estados Unidos a enviar millones de piezas adicionales para garantizar el funcionamiento del material bélico desplegado en Europa.

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Las negociaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido para unificar los estándares marcaron un punto de inflexión. Tras varios encuentros celebrados entre 1943 y 1945, los británicos aceptaron adoptar el sistema estadounidense de 60 grados, una decisión que simbolizó el creciente liderazgo industrial de Washington y el declive de la influencia tecnológica británica en el escenario internacional.

Finalizada la guerra, el proceso de estandarización se profundizó con la creación de la Organización Internacional de Normalización (ISO) en 1947. La adopción de normas comunes facilitó el desarrollo del comercio internacional, la fabricación de bienes compatibles entre distintos países y la expansión de las cadenas globales de suministro, consolidando un modelo industrial que, en gran medida, seguía los criterios impulsados por Estados Unidos.

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Especialistas en historia económica sostienen que la capacidad para definir estándares constituye una forma de poder tan relevante como la influencia militar o financiera. Quien establece las reglas técnicas sobre las que funcionan las industrias condiciona la producción, el comercio y la innovación tecnológica de numerosos países.

En la actualidad, esa competencia continúa en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones, los vehículos eléctricos y las energías renovables, donde las principales potencias buscan imponer los estándares que definirán el funcionamiento de la economía global durante las próximas décadas. La historia del tornillo de 60 grados demuestra que, en ocasiones, los cambios más trascendentes comienzan con decisiones técnicas que pasan inadvertidas para la mayoría.

FUENTES: BBC Mundo, BBC Studios, 99% Invisible, Organización Internacional de Normalización (ISO)