

Un abrazo eterno bajo las balas

Lugar: Puente Vrbanja, Sarajevo
Fecha: 19 de Mayo de 1993
- Corre, no me sueltes la mano. Estoy contigo-
Los enamorados, un joven serbio ortodoxo y una muchacha musulmana, caminaban tomados de la mano confiando en un pacto de no agresión, firmado por las facciones enfrentadas, la idea era dar una ventana de oportunidad para que los civiles pudieran salir de la ciudad cuando los disparos rompieron el silencio.

Bosko Brkic y Admira Ismic, de 25 años, cayeron abatidos por el fuego de francotiradores mientras intentaban cruzar el puente Vrbanja, una tierra de nadie que dividía la asediada capital bosnia.
Bosko cayó mientras veía a su amada correr. ¿Qué le quiso decir? ¿Qué sentía? Admira miró a su alrededor, creía que Bosko estaba a su lado, pero al voltear un segundo entre los disparos, lo vió tendido en el asfalto. Ni siquiera tuvo tiempo de pensarlo, cuando una bala la atravesó, y un grito rompió el sonido de los disparos.
-Estoy contigo-
Admira cayó en aquél puente, y con sus últimas fuerzas, mientras se desagandraba, se arrastró hasta su amado, y lo abrazó con fuerza. Los dos murieron abrazados en medio del puente.

A lo lejos sonaban los disparos, los gritos. Por las ventanas los vecinos observaban la escena. Nadie podía acercarse.
El horror se prolongó durante casi ocho días bajo el sol y el frío, tiempo en el que los cuerpos permanecieron entrelazados a la vista de todos porque el fuego cruzado impedía que los rescatistas se acercaran sin arriesgar sus propias vidas. Mientras las facciones en pugna se culpaban mutuamente por la masacre en comunicados oficiales, las imágenes de los amantes inertes daban la vuelta al planeta, transformándose en una dolorosa postal de la indiferencia y la deshumanización del conflicto de los Balcanes.

La desgarradora escena fue capturada originalmente por el reportero gráfico Kurt Schork, de la agencia de noticias Reuters, cuyas crónicas y fotografías conmovieron a la opinión pública internacional y forzaron un debate global sobre la inacción de las potencias extranjeras frente al asedio. La tragedia sumó indignación cuando se supo que la madre de Admira y el padre de Bosko habían apoyado la unión desde el principio, desafiando los prejuicios locales y pagando sumas de dinero a intermediarios militares para asegurar un salvoconducto que resultó ser una trampa mortal.
El rescate de los cuerpos se hizo de noche, por parte de soldados serbios forzados a trabajar en la oscuridad, la pareja fue enterrada inicialmente en una fosa común en el cementerio militar de Lukavica. No fue hasta 1996, una vez firmado el Acuerdo de Paz de Dayton y finalizadas las hostilidades, cuando los familiares lograron exhumar los cuerpos para trasladarlos definitivamente al cementerio de Lion en Sarajevo, cumpliendo el deseo de que descansaran juntos en la ciudad que los vio nacer.

La historia de amor de Bosko y Admira había florecido una década atrás en una Sarajevo multicultural y unida, pero el estallido bélico de 1992 la convirtió en un infierno de intolerancia. Decididos a no permitir que las fronteras del odio los separaran, planearon un escape desesperado que terminó sellando su unión para siempre en el cementerio de la ciudad, donde hoy descansan juntos tras una guerra que se cobró más de cien mil vidas inocentes.

Décadas después se confirmó que un grupo de multimillonarios había pagado por participar de la guerra como francotiradores, disparando a la población civil, como una suerte de cazadores. Una historia que desarrollaremos en otro artículo.
FUENTES: Clarín, BBC, Reuters, PBS Frontline.

